Lo dicho, dicho está.
Perdí un año de mi vida, o algo así, para terminar igual que como empecé: con las manos vacías. O tal vez más que vacías.
Este año no entré siquiera a mi blog favorito (Kotora-kun, perdóname, ahora posiblemente no me recuerdes ni un poco pero yo sigo amándote). Kotora-kun sigue vivo en mi corazón. Ahora ha regresado a sus orígenes, Rensuya.
¿Por qué siento este vacío tan grande?
No es dolor pero tampoco es felicidad.
Lo único que llego a sentir, de vez en cuando, es la necesidad de contar mi historia. Una historia que necesito contar, sí, tal vez sea un buen título.
Kotori, por favor, regresa a ese momento de tu vida en el que podías dejar de ser tan miserable y sacar adelante aquello que deseabas.
Vamos, vamos, no debe ser tan difícil.
Y tú, lector fantasma, gracias.
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Hola, soy Kotori, Vengo a interrumpir tus profundos e inmensamente sabios pensamientos para pedirte humildemente que no ofendas a nadie y tampoco hagas SPAM :)